Reflexión sobre Mateo 17,1‑9.
Hay momentos en la vida en los que Dios nos invita a caminar sin saberlo todo, sin tener el plan completo, sin garantías visibles. Y aun así, nos pide confianza. El Evangelio de la Transfiguración (Mt 17,1‑9) nos muestra que la fe verdadera nace precisamente allí: en el camino que no controlamos, pero donde Él nos guía.
Cuando Dios te lleva sin explicarte todo
Imagina que tu jefe te invita a una reunión muy importante y te permite llevar dos personas de confianza. No sabes quién estará allí, ni de qué se tratará el encuentro. Solo sabes que debes ir. Así mismo fueron Pedro, Santiago y Juan: subieron al monte sin detalles, sin agenda, sin claridad… pero con confianza.
Muchas veces nuestra vida espiritual es igual. Dios nos mueve, nos llama, nos impulsa, pero no nos revela todo. Y aun así, nos invita a caminar.
El asombro de ver lo imposible
En el monte, los discípulos ven algo que jamás imaginaron: rostros conocidos de la historia de la fe, personas que ya no vivían en la tierra, pero que ahora estaban allí, conversando con Jesús. ¿Miedo? ¿Emoción? ¿Confusión? Probablemente todo junto.
Así es cuando Dios se manifiesta: rompe nuestras categorías, supera nuestras expectativas y nos recuerda que lo imposible también es parte de su lenguaje.
La voz que lo cambia todo
En medio de esa escena, una voz conocida —la del Padre— declara: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias. Escúchenlo.”
No les dio explicaciones. No les reveló el futuro. No les prometió comodidad. Solo les pidió escuchar.
La fe no empieza en los ojos. Empieza en el oído.
¿Por qué nos cuesta obedecer si Dios habla?
No porque seamos malos, sino porque somos humanos:
* Nos cuesta confiar cuando no vemos el plan completo.
* Nos distraemos con lo que brilla más que con lo que transforma.
* Nos da miedo lo que Dios pueda pedirnos.
Pero aun así, Dios sigue hablando. Y siempre habla con amor.
¿Qué nos falta hacer hoy?
Tal vez:
* Compartir más nuestros dones.
* Pensar más en el bien de los demás.
* Soltar lo que nos ata al mundo.
* Escuchar más a Jesús que al ruido que nos rodea.
La Transfiguración no fue un espectáculo. Fue una preparación para la cruz. Y nuestras experiencias de luz también nos preparan para momentos difíciles.
Caminar a ciegas, pero escuchando
Si hoy sientes que Dios te invita a caminar sin ver todo claro, no tengas miedo. Él no te pide que veas. Te pide que escuches.
Porque quien escucha a Jesús, aunque vaya a ciegas, nunca camina solo. Animo amigos. Si, Se Puede!!
